viernes, 28 de mayo de 2010

LA IDENTIDAD LATINOAMERICANA:
UNA TOMA DE CONCIENCIA
“Es imposible asignar con propiedad a que familia humana pertenecemos. La mayor parte del indígena se ha aniquilado; el europeo se ha mezclado con el americano y con el africano, éste se ha mezclado con el indio y con el europeo. Nacimos todos de una misma madre, diferentes en origen y en sangre, son extranjeros todos diferentes visiblemente en la epidermis; esta de semejanza trae un reato de la mayor trascendencia”
Simón Bolívar
En la década de los 20 del siglo pasado, con José Vasconcelos y Pedro Enrique Ureña, había comenzado un movimiento intelectual para reivindicar a la América latina1 en su expresión cultural. Fue la gran fuerza con que irrumpe el llamado Boom de la literatura latinoamericana, en la década de los años 60, la que hace fijar los ojos del mundo, hacia esta ubérrima región, tanto es así, que la XIV reunión de la UNESCO, celebrada en París, en 1966, autorizo a su director general: A emprender el estudio de las culturas de América Latina en sus expresiones literarias y artísticas, a fin de determinar las características de dicha cultura.
Tomar conciencia sobre la identidad Latinoamericana es valorar nuestra existencia como “Raza Cósmica” (como la llamaría Vasconcelos), con cultura e identidad propias. La cultura de este hombre cósmico toma una fuerza inusitada y es un caso muy sui generis por los aportes que el hombre europeo, el hombre americano y el Africano hacen en la formación de este ser especialísimo, como fruto de una diversidad de componentes: del Indígena tiene la imaginación y la malicia del europeo, el racionalismo y el espíritu de aventura, del Africano la fortaleza física y la frescura del espíritu:
“Dos dones nos hayan ayudado a sortear ese signo funesto, a suplir los vacios de nuestra condición natural y social, y a buscar a tientas nuestra identidad. Uno es el don de la creatividad, expresión superior de la inteligencia humana. El otro es una arrasadora determinación de acenso personal. Ambos ayudados por una astucia casi sobre natural, y tan útil para el bien, como para el mal, fueron un recurso providencial de los indígenas para los españoles, desde el día mismo del desembarco” (García Márquez, por un país al alcance de los niños).
Quienes sean ocupado a escribir sobre la historia y cultura de esta parte del continente han señalado insistentemente tres incentivos que llevaron a los españoles a colonizar América: el impulso guerrero adquirido al reconquistar su propio territorio en manos de los árabes; el misticismo misional católico; la codicia no solamente de oro si no
1 aunque hay diferentes connotaciones con los conceptos de Hispanoamérica, Iberoamérica y Latinoamérica en este ensayo utilizamos la categoría América Latina, para referirnos a “Toda aquella tierra americana que queda en el sur del rio Grande o Bravo (que marca el límite de estados unidos con México hasta la Patagonia
que también de esclavos y mujeres. A estos tres factores “Responsables” de la formación de la cultura y nuestra raza y de la integración de América Latina con el resto del mundo, Cesar Fernández Moreno2, la agrega un cuarto: El asombro, que ha nuestro parecer, seria el antecedente más remoto de la desmesura García Marquiana y de lo real maravilloso en el mítico Alejo Carpentier.

Según Fernández Moreno, el asombro de Colon Lindera con el delirio: Cuenta que cuando el navegante Genovés se acerca a la desembocadura del Orinoco piensa que a descubierto uno de los ríos provenientes del paraíso, y que paradójicamente no llego a pisar el continente que “estaba incorporado a la historia”, por que una misteriosa enfermedad que lo encegueció temporalmente se lo impidió, y que nunca pude a llegar a México, puesto que se quedo enredado en la gigantesca telaraña de las Antillas”.

El asombro continuo con los conquistadores que vinieron después de Colon y con los mismos aborígenes. Los escritos de los cronistas de indias son muy dicientes; también el asombro de Pigafetta, que García Márquez describe magistralmente en su ya celebrada conferencia nobel de Estocolmo, nos dan una muestra palmaria de este asombro primigenuo, como antecedente de nuestra cultura y literatura monumentales: “Conto que había visto un cerdo con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas, cuya hembras empollaban en las espaldas del macho… Conto que había visto un engendro animal con cabeza y oreja de mula, cuerpo de camello, patas de siervo y relincho de caballo… Este libro breve y fascinante, en el cual ya se vislumbran los gérmenes de nuestra novela de hoy no es ni mucho menos el testimonio de nuestra realidad de aquellos tiempos”3

Los indios por su parte no entendían ese “Animal centáurico” compuesto de hombre y caballo; se asombraba cuando el conquistador bajaba de su cabalgadura: ¡Era un animal dividido en dos!. Por el freno que llevaba en la boca, los incas creían que los caballos se alimentaban de metal y cuando los españoles les pedían comida para los animales, les
2. FERNANDEZ MORENO, cesar y otros. AMERICA LATINA EN SU LITERATURA.
Mexico, Siglo XXI, PP:5-18
3.GARCIA MARQUEZ, Gabriel, “LA SOLEDAD DE AMERICA”, Discurso pronunciado ante la academia Sueca, al ser laureado con el premio nobel, en 1982



ofrecían oro. Este asombro reciproco a sido una constante de nuestra historia según Fernández Moreno, es ahí donde esta el “Huevo donde saldrá la cultura Latinoamericana, todo su arte creativo”4. El arte en general no es otra cosa que la expresión del asombro,
asombro que genera el impulso de participar con los demás lo que el artista ha visto de extraordinario. Para el caso de “Nuestra América mestiza”, el impulso que los conquistadores (En su mayoría analfabeta), se conviertan en inesperados escritores, simple y maravillosamente, ellos cuentan las sorprendente realidad que vieron o que creyeron ver: “Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquellas realidad desaforada, hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, por que el desafío mayor para nosotros a sido la insuficiencia de los recursos convencionales para ser creíble nuestra vida” 5 .
Los conquistadores del imperio inca, según cuenta Felipe Guamán Poma de Ayala6 , se asombran por ejemplo con la legendaria madre del primer Inca, Manco Cápac, puesto que habla con demonios y hacia hablar a los peñascos, arboles, montañas, y lagos, que contestaban sus preguntas. En fin, las historias contadas por los cronistas de india son tan sorprendentes, que para los hombres de otras latitudes, pareciera que todas estas crónicas fueran producto de una imaginación alucinada: (Que es América toda, sino la historia de lo real maravilloso diría el sorprende Alejo Carpentier, en una entrevista.
Para reafirmar nuestra tesis, se agrega esta perla, que el fabulador de macondo nos regala en el olor de la guayaba: (A este respecto solo suelo siempre citar al explorador norteamericano F. W. U. P de Graff, que a fines del siglo pasado hizo un viaje increíble por el mundo amazónico en el que vio entre oras cosas, un arroyo de agua hirviendo y un lugar donde la voz humano provocaba aguaceros torrenciales. En comodoro Rivadavia en el extremo sur de argentina vientos del polo se llevaron un circo entero. Al día siguiente, los pescadores sacaron en sus redes cadáveres de leones y jirafas…”7
Esta singular en nuestra raza ha producido una cultura muy especial, con una producción artística y literatura de una frescura y fuerza avasalladoras. Gracias a ese sincretismo racial tenemos una gama de expresiones musicales diversas en todos los países hispanoamericanos, como bella síntesis sonora de ese “tuti fruti” racial. A ello debemos también la fortuna de disfrutar de las monumentales y coloridas obras del pintor mexicano
4. GARCIA MARQUEZ, Gabriel. “LA SOLEDAD DE AMERICA”, Discurso pronunciado ante la academia Sueca, al ser laureado con el premio nobel, en 1982.
5. GARCIA MARQUEZ, Ibid
6. Citado por: COULTHARD, George Robert, En Fernández Moreno, Cesar, Op. Cit. P. 54
7. GARCIA MARQUEZ, GABRIEL. EL OLOR DE LA GUAYABA. Bogotá, La Oveja Negra, 1982, P: 36

Diego Rivera y de ecuatoriano Oswaldo Guayasamin. ¿Y que decir del regalo divino de haber tenido a los mejores escritores en lengua romance en la segunda mitad del siglo XX?.
A esta poderosa “raza cósmica”, le debemos desde la obstinada búsqueda de raíces de la identidad en el universo de Comala de la obra rulfiana hasta el gran universo fantástico de Jorge Luis Borges. Desde el intimismo y solidaridad en Vallejo, hasta el compromiso, el amor y la fantasía en Neruda, pasando por las innovaciones temáticos, el erotismo y el surrealismo del gran Octavio Paz y por la musicalidad afrocubana como canto libertario en la poesía de Nicolás Guillen. Aunque faltan muchos como Rodó, martí y otros que fueron los grandes precursores de esta identidad cultural, y la gran mayoría de los grandes escritores de la segunda mitad del siglo XX, a los que Emir Rodríguez Monegal, 8 llamó “las grandes maquinas de novelar” y otros que Severo Sarduy9 cataloga que neobarrocos, por la exuberancia del lenguaje utilizados por ellos, como producto de una simbiosis cultural, solo mencionamos estos casos, que no son la excepción, pero que como somera muestra, nos sirven a un más para reafirmar la comprensión de la grandeza de nuestro estirpe.













8. RODRIGUEZ MONEGAL, EMIR. “TRADICION Y RENOVACIO”, en AMERICA LATINA EN SU LITERATURA, México, Siglo XXI, 1979, PP: 139-166
9. SARDUY, Severo, en Fernández Moreno, Óp. Cit

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