UNA COARTADA PERFECTA*PASOLINI.
Se llamaba Pier Paolo Pasolini. Daba gusto verle sus películas; él con Carlos Saura, Michelangelo Antonioni, Luchino Visconti y Luis Buñuel se peleaban la preferencia de los intelectuales por el buen cine en las décadas de los 60 y los 70. Me impresionaron gratamente su versión cinematográfica de los cuentos del Decamerón y los cuentos de Canterbury: tan buenas como los mismos libros.
La policía justificó su muerte afirmando que fue una pelea entre homosexuales. Lo cierto es que Pasolini murió asesinado en una madrugada de noviembre de 1975 frente a la Playa de Ostia, suburbio de Roma. El mundo intelectual nunca creyó la versión de la Policía: Giuseppe Pelosi el mancebo homosexual que le pusieron de carnada fue la coartada perfecta, para justificar un crimen de tinte político. La verdad es que la Mafia, la Iglesia, la Democracia Cristiana, la ultraderecha y hasta las Brigadas Rojas se sentían incómodas con las irreverencias de Pasolini; tanto en sus escritos como en sus iconoclásticas películas. A todos fustigaba:
A los políticos por la corrupción y la postración a la que habían sometido a Italia; a la Iglesia por su hipocresía, a las Brigadas Rojas por su fundamentalismo, por tener como único argumento la violencia; a la Mafia por sus prácticas gansteriles y el fomento a la corrupción y a la descomposición social. Luego, a este hombre que se había convertido en la piedra en el zapato para estos sagrados estamentos había que acallarlo de cualquier forma. La fofa burguesía italiana contrató al supuesto amante para fingir un crimen pasional, creo yo, y cuando recuerdo sus películas, reconstruyo su crimen a mi manera:
Ahí, en una de las sórdidas esquinas de Ostia estaba la muerte al asecho. Sabía que por ahí tenía que pasar. Pelosi muchacho fornido, de 17 años, que vivía del coito con homosexuales estaba a la espera, con los brazos cruzados, con el talón de su pie derecho recostado en la pared y el pié izquierdo apoyado en el anden. Ahí justo ahí paró el artista su Alfa Romeo. Le hizo una seña al señuelo, que muy presto se embarcó en la nave. Eran las 10 y 30 de la noche, dieron un paseo, departieron un buen rato, se refocilaron. Ya de regreso en la madrugada, en un lugar solitario frente a la playa, la Muerte encontró el lugar propicio para ejecutar el plan:
Se formó una acerba discusión entre los supuestos amantes furtivos. El mancebo, increíblemente dominó al fortachón de Pasolini. Lo tendió en el piso y le pasó el vehículo varias veces, con saña, por encima de su humanidad. Al otro día la prensa a grandes titulares difundía la fatal noticia: “PASOLINI: ASESINADO POR UNO DE SUS OCASIONALES AMANTES”.Luego en los detalles destacaban, cómo su crimen parecía sacado de sus propias películas, porque muchos de sus personajes como el joven Pelosi, fueron sacados de los bajos fondos de la sociedad.
Hoy, muchos años después de su muerte, me resisto a creer que este crimen haya sido mera coincidencia y paradoja de la realidad.
*Este artículo hace parte de un proyecto ambicioso llamado coartadas perfectas*
Por: Valmiro Rangel R.

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